Renfe 2 de ¿4? – La gymkana del transporte

Retomo hoy la selección de los grandes momentos de Renfe con un cambio que quizá hayáis observado y es que el número de anécdotas ha aumentado a cuatro.

Pero centrémonos en el tema que nos ocupa esta semana.

Como entidad pública, Renfe tiene unas obligaciones culturales para con los ciudadanos. Y ¿qué mejor actividad cultural que una gymkana? Así pues, no hace mucho, un día que llovía a cántaros, nos dijeron que no había circulación entre Cornellà i Hospitalet de Llobregat. Es sobradamente conocido que cuando llueve la mitad de los trenes van mal.

Los ya resignados usuarios tuvimos que ir en metro hasta Cornellà, de dónde salían trenes hacia el sur. Después de unos minutos de espera en la estación de Cornellà ―a los que hay que sumar los casi treinta minutos de metro― llegó el tren que nos tenía que llevar a nuestros pueblos.

Mandaron a sus ocupantes hacia el metro y entramos nosotros. Pero quiso el destino que se retomara la circulación habitual (que no normal) en ese momento y nos echaran del tren para que siguiera hacia Badalona.

La lluvia, ese gran enemigo de Renfe [foto: Cleide Isabel]

La lluvia, ese gran enemigo de Renfe [foto: Cleide Isabel]

― ¿Disculpe? Dejen que el tren, nuestra única opción, vaya hacia el sur y que los demás vayan a Badalona en metro, que para eso lo tienen.

― Lo sentimos mucho. Tienen que entender ustedes que hacerlos esperar alegando el cumplimiento estricto de los horarios con la circulación normalizada es una oportunidad de tocarles las narices que no podíamos desaprovechar.

Por alguna razón obtienen placer al provocar la desgracia ajena. Y no hago un uso sensacionalista del término desgracia. Porque tienen que saber que, en estricto cumplimiento de los horarios, tuvimos que ver pasar dos trenes con destino a Molins de Rei y Martorell en nuestra hora adicional de espera bajo la lluvia.

Hay que reconocer el acierto de la compañía ferroviaria cuando, años atrás, cantaban “I’m singing in the train” en un anuncio en televisión, pues si quieres viajar en tren y llueve, acabarás como Gene Kelly.

[Dedico este post a los sumamente solidarios que cerraron su paraguas para adueñarse de un seco puesto bajo la minúscula marquesina de Cornellà mientras algunos sin paraguas se mojaban hasta los huesos porque no quedaba sitio para ellos.]

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